miércoles, 15 de junio de 2011

El elefante encadenado, de Jorge Bucay

Cuando yo era pequeño me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. Me llamaba especialmente la atención el elefante que, como más tarde supe, era también el animal preferido de otros niños. Durante la función, la enorme bestia hacía gala de un peso, un tamaño y una fuerza descomunal...Pero después de su actuación siempre permanecía atado a una pequeña estaca clavada en el suelo con una cadena que aprisionaba una de sus patas.
Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en el suelo. Y, aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que un animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su fuerza podría liberarse con facilidad de la estaca y huir. El misterio sigue pareciéndome evidente.
¿Qué lo sujeta entonces? ¿Por qué no huye?



Cuando tenía cinco o seis años yo todavía confiaba en la sabiduría de los mayores. Pregunté entonces a un maestro, un padre o un tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado.
Hice entonces la pregunta obvia: "Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan?".

No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo olvidé el misterio del elefante y la estaca, y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho esa pregunta alguna vez.

Hace algunos años descubrí que, por suerte para mí, alguien había sido lo suficientemente sabio como para encontrar la respuesta: el elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.Cerré los ojos e imaginé al indefenso elefante recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que, en aquel momento, el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y, a pesar de sus esfuerzos, no lo consiguió, porque aquella estaca era demasiado dura para él.

Imaginé que se dormía agotado y que al día siguiente lo volvía a intentar, y al otro... Hasta que un día, un día terrible para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.

Ese elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa porque, pobre, cree que no puede.
Tiene grabado el recuerdo de la impotencia que sintió poco después de nacer.

Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese recuerdo.
Jamás, jamás intentó volver a poner a prueba su fuerza...

FIN

Con este cuento os quiero hacer ver que los pensamientos son importantes porque determinan nuestra manera de ver y actuar en la vida. Si tus pensamientos te hacen daño, cámbialos por otros que sean más beneficiosos para ti, construye pensamientos positivos que te impulsen a luchar y a vencer los obstáculos y hábitos que te hacen permanecer inmóvil y te esclavizan en la negatividad, la impotencia y la pasividad.

A partir de ahora, cambia el indefenso y desesperanzador "no puedo" por un firme "SÍ PUEDO". No permitas que te ocurra como al elefantito.


TÚ PUEDES

Cuento recogido del libro de Jorge Bucay "Déjame que te cuente"
Referencia del libro: Bucay, J. (2003): Déjame que te cuente. Barcelona: RBA



2 comentarios:

  1. Hola Esther!!Soy Nerea de BArcelona (nos conocimos en Oxford el verano pasado) pues nunca me habia planteado lo del elefante, me parece genial q tengas abierto esto y te sigo por fb tb (aunq nunca comente nada jejejeje).

    un saludo!!!,muak!

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  2. Hola Nerea! me alegro de leerte!parece mentira que ya haya pasado casi un año (aunque mi inglés sigue siendo el mismo xD), el tiempo vuela!. Gracias por tu comentario! y más gracias por seguirme! ^^

    Besos y saludos desde Granada!!

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